Siempre necesitamos confiar en Dios.

Siempre necesitamos confiar en Dios.

El Cristo Triunfante, 3 de abril.

“Por la fe [Moisés] dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible”. Hebreos 11:27.

Moisés era un hijo de Dios que fue elegido para realizar una obra especial. Siendo adoptado por la hija de Faraón, fue grandemente honrado por los miembros de la corte real. Como nieto del monarca, todos deseaban enaltecerlo. Lo consideraban como el sucesor al trono.

Moisés era un hombre inteligente. En la providencia de Dios, se le dio la oportunidad de capacitarse para una gran obra. Fue cabalmente educado como general. Cuando marchó para hacer frente al enemigo, tuvo éxito; y al volver de la batalla todo el ejército le rindió homenaje.

A pesar de esto, constantemente recordaba que mediante él Dios se proponía liberar a los hijos de Israel… Pero, aunque reconocido por su saber entre los egipcios, en el servicio de Faraón recibió un molde que lo descalificaba para la labor que habría de realizar. Esta debilidad se manifestó cuando al visitar a sus hermanos “vio a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos”. De inmediato Moisés tomó el caso en sus manos, “mató al egipcio y lo escondió en la arena”…

Y a fin de preparar a Moisés para la obra que se le había asignado, el Dios del cielo lo apartó del medio en que se encontraba. Tendría que entrar en una nueva escuela: la escuela de la Providencia. ¡Qué transformación se habría de producir aquí en la vida y el empleo de Moisés!…

Considerando esta experiencia desde el punto de vista humano, algunos observadores podrían inclinarse a decir que éste fue un gran error de parte de Moisés. En vez de permitir que este erudito general, a quien se consideraba íntegramente preparado para realizar la obra prevista, siguiera adelante y concretase la labor, el Señor lo envió a las montañas a obtener una educación que lo haría apto para desempeñarse como el general de Israel…

El plan de Dios era que Moisés permaneciera solo, confiando en su brazo poderoso y que aprendiese a orar y a creer… Cada uno debe tener una experiencia individual. Todos debiéramos aprender las lecciones que la Providencia desea enseñarnos… Si sólo buscamos que otros nos ayuden y sostengan, si sólo dependemos de la ayuda finita, jamás podremos conocer el verdadero potencial de nuestra fuerza, porque no hemos estado solos permitiendo que únicamente Dios sea nuestro ayudador. Cuando avanzamos hacia un terreno en el que debemos estar solos, la raíz de nuestra fe crece en dirección a la única fuente de ayuda: el Dios infinito.—Manuscrito 36, 1885.

Adventista del 7° Día, estudiante [en espera jejeje] de Teología, Ingeniero Informático PUCV. Amante de la teología y la informática, y en búsqueda de la mezcla perfecta entre ambas. Dios al control!!

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