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PABLO Y LA LEY

AL HILO DE LA CONTROVERSIA por

Dr. Roberto Badenas

En nuestro ministerio, en ocasiones, nos ocurre que nos enfrentamos a elementos como: “Cristo nos ha rescatado de la maldición de la ley” (Gál. 3:13) o bien “no estamos ya bajo la ley sino bajo la gracia” (Rom. 6:14), argumentos que son utilizados para justificar el abandono de la observancia de ciertos mandamientos de la ley divina. El rechazo de la ley, como una realidad ya acabada incluso peligrosa que ya no tiene ningún valor para el cristiano, se hace en la mayor parte de las ocasiones invocando al apóstol Pablo. Las cuestiones que se derivan son importantes ¿Es que Pablo rechaza verdaderamente todos lo valores de la ley? ¿Qué teología se desprende de sus escritos sobre este tema? ¿Cómo debe ser comprendida la ley en la economía de la gracia? ¿Qué papel tiene la ley en la vida del creyente?

Estas cuestiones y algunas semejantes se plantearon ya en la Iglesia desde su origen (compárese Hechos 15:1 ss.; Gál. 2:15,16; Santiago 2:14-26, etc.) y siempre la han perturbado.  Hoy, casi 2000 años más tarde, las repuestas continúan siendo extremadamente variadas.  Van, desde la antinomia “clásica”, que niega a la ley todo valor normativo, a todos los “legalismos” que hacen de la observancia de la ley la condición de la salvación, de una teología reformada según la cual Cristo abolió la ley ceremonial, pero no la ley moral, a una exégesis cada vez más generalizada según la cual, la ley es un todo indivisible. De ciertas posiciones discricionalistas, que relegan a la ley al pueblo judío a aquellas posiciones que ven en Cristo el objetivo más profundo de la ley. [1]

El problema en parte, al menos de la declaraciones de Pablo, en las que la comprensión aparece muy a menudo difícil y que parecen prestarse a interpretaciones diferentes.[2] En efecto de un lado Pablo sostiene que la ley es santa, justa y buena (Rom. 7: 12) , y que ya se resume en el amor (Rom. 13:8-10; Gal. 5:14), pero por otro lado el habla de su maldición (Gal. 3:13), de su capacidad de hacer abundar la ofensa (Rom. 5: 20) , de producir la cólera (Rom. 4: 15) y de llevar el pecado y la muerte (Rom. 7:9,10) , Pablo proclama por una parte que nosotros hemos sido ya separados de la ley (Rom. 7:6) y afirma por otra que no anulamos la ley por la fe sino al contrario que continuamos la ley (Rom. 3:31) ¿Cómo conciliar esas declaraciones aparentemente contradictorias?

¿La argumentación paulina es teológicamente coherente?  Las declaraciones negativas sobre la ley se refieren a la misma realidad escrita por aquellas que son positivas o de otra manera las declaraciones negativas se refieren únicamente a una parte de la ley que habría sido abolida. Si una parte de la ley conserva aún valores normativos, ¿cómo identificarla?, ¿cuáles son los preceptos que quedan en vigor? el debate sobre la teología paulina de la ley que nunca terminó durante la era cristiana, parece haber vuelto a reemprenderse con nuevos bríos y se extiende sobre dos frentes, sobre la solidez de la argumentación teológica de Pablo, sobre el sentido de la terminología en relación con la palabra nomos, sobre la naturaleza de la ley, sobre el objetivo y sobre la validez normativa para los cristianos.

Este artículo se propone hacer un breve repaso a las diferentes respuestas que, en la controversia reciente han sido propuestas a las numerosas cuestiones sobre la teología paulina de la ley.

I.    HAY INCOHERENCIA EN PABLO

Para ciertas personas, la teología de Pablo sobre la ley, tal como aparece en las epístolas, es sencillamente incoherente, ya sea porque está en contradicción con ella misma, ya sea porque ha evolucionado y cambiado con la experiencia espiritual del apóstol o, ya sea también porque sus declaraciones opuestas dan fe de circunstancias y necesidades diferentes que varían según los destinatarios de las diferentes epístolas.

A.    ¿Se contradice Pablo realmente?

A la teología de Pablo sobre la ley le falta solidez. Eso es lo que se desprende, de una tendencia reciente que intenta acabar de una vez con el problema.

1.     La primera objeción en ese sentido viene de E.P. SANDERS.[3]  Según él, la tradición cristiana no ha llegado a comprender la teología de Pablo.  Pablo jamás hubiera opuesto la salvación por la fe a la salvación por las obras, porque para el judaísmo del primer siglo (y esto lo apoya la literatura rabínica) , la única fuente de salvación era la gracia divina y no las obras. Puesto que la observancia de la ley era percibido como la respuesta humana necesaria para estar en la alianza, (posición que llama covenantal nomism, que podríamos tratar de traducir como legalismo de alianza), Pablo no podía de ninguna manera oponerse a las obras de la ley como medio para obtener la salvación.

Según esa tesis –que no es nueva, puesto que G.F. MOORE y numerosos teólogos judíos la han sostenido–, Pablo no hubiera llegado a su comprensión sobre la justificación por la fe sino por su frustración personal, siendo aplastado por su culpabilidad y su incapacidad de observar la ley. Pablo, un hombre de conciencia sólida, capaz de aceptar de una manera tan maravillosa la dirección de Dios como su perdón, hubiera llegado a una nueva comprensión de la ley después de su encuentro con el resucitado en el camino de Damasco. El habría encontrado la prueba irrefutable de que Jesús de Nazaret era el Mesías y que, por consiguiente la salvación, tanto para los judíos corno para los paganos, habla llegado ya. Luego si Pablo pone en guardia a sus lectores contra la ley como medio de salud, la razón no está en que su cumplimiento lleva a la glorificación, ni que sus exigencias sean imposibles de cumplir (Fil. 3:6; Gal. 1:14) ; es, sencillamente, porque él a encontrado algo mejor, es decir a Cristo (2 Cor. 3:4,18; Fil. 3:3-11).

Según SANDERS pues, la única gran objección que Pablo hace al judaísmo, es su rechazo del Mesías.  Pablo no tiene una nueva teología sobre la ley que proponer a los judíos, él se esfuerza solamente en presentar argumentos diversos, para tratar de convencerlos de pasar de la venida de Cristo como centro y motor de su vida espiritual. Si sus declaraciones parecen a veces faltas de lógica, es porque ellas no pretenden de ninguna manera ser sistemáticas.  Su esquema teológico estaría finalmente muy próximo al sistema judío: La salvación se obtiene por gracia por medio de la fe, la obediencia a la ley (o a las obras) no era más que la evidencia de la acción de la gracia.

2.     Por otra parte existe la tesis de Heikki RÄISÄNEN [4] que es mucho más radical. Para él, la teología de Pablo sobre la ley, es muy contradictoria. En Gál. 3:21, el apóstol dice que la ley viene de Dios, mientras que en Gál. 3:19 declara que viene de los ángeles, por otra parte, afirma que la fe no anula la ley sino que la establece (Rom. 3:31), y por otra parte, sostiene que Cristo la abolió (Rom. 10:4), por un lado pretende que lo importante es observar los mandamientos de Dios (1 Cor. 7:19), mientras que por otra parte asegura que ese esfuerzo es la causa de nuestros fracasos (Rom. 7:13) . Pablo en suma según Räisänen, se contradice por todas partes. Y las dificultades que nosotros tenemos para explicar esto y para sacar de esos escritos una teología coherente, vendría en suma de nuestros esfuerzos –bien intencionados, pero siempre inútiles–, de sistematizar la posición de Pablo sobre la ley.

 

B.    ¿Entonces es que Pablo evolucionó?

Conscientes de los problemas que la pretendida incoherencia de Pablo conllevarla, otros teólogos explican sus diversas afirmaciones sobre la ley por las circunstancias y momentos diferentes de su vida, por los que pasó Pablo e incluso por las fases sucesivas de la historia de la iglesia primitiva.[5]

1.     Según U. WILCKENS,[6] la epístola a los Gálatas, representaría un esfuerzo de Pablo –según el cual habría exagerado los contrastes– para poner de relieve la doctrina de la justificación por la fe contra la posición judaizante que buscaría la justificación a través de las obras. Para evitar la ruptura entre judio-cristianos y gentiles, Pablo se habría mostrado mucho más conciliante en la epístola a los Romanos.

2.     Para H. HUBNER,[7] la evolución entre Gálatas y Romanos, seria también debida a la preocupación de rectificar las afirmaciones extremistas de Gálatas, que habrían podido dejar creer a algunos que la ley había sido abrogada.  Por una preocupación de equilibrio y de exhortación, Santiago habría persuadido a Pablo de matizar en la epístola a los Romanos sus declaraciones en Gálatas y él entonces afirmaría la prioridad de la justificación por la fe, pero sus tomas de postura contra la ley serían menos categóricas.  Esas interpretaciones, indican que la tesis de un Pablo que se contradice o se retracta no es indispensable para explicar su teología. El hecho de dirigirse a iglesias con necesidades variadas, logra ya poner el acento sobre puntos diferentes: en 1 Corintios combate a los antinomianos o antinomistas, mientras que en Gálatas corrige a los judaizantes.  En la epístola a los Romanos, matizaría un poco más los puntos porque se dirige a una iglesia con problemas más complejos, porque tenla en su seno la presencia tanto de antinomistas como de judaizantes.

II.   EL SENTIDO DE LA PALABRA LEY

Una de las cuestiones esenciales consiste en precisar el sentido de la palabra “ley”.  Cuando Pablo habla de “la ley” ¿qué tenla él en la mente? ¿Las leyes del Antiguo Testamento? ¿La Torah entera? ¿Los Diez Mandamientos? ¿o el legalismo?

Para explicar el tratamiento, ya negativo, ya positivo de la ley, ¿tendríamos que eludir que Pablo habla a veces de la ley natural (humana, imperfecta) o de la ley mosaica (elaborada por Israel y ya sobrepasada) al lado de una ley divina, perfecta y eterna?

A.    El significado de nomos.

Algunos han tratado descubrir el sentido de nomos a partir de la presencia o la ausencia del artículo.  Así “la ley” sería alusión a la ley divina, mientras que “ley” sin artículo, designaría cualquier otra noción de ley.  Pero Eduard GRAFE y Peter BLÄSER [8] probaron, hace mucho tiempo, con muchas páginas de folio (Gál. 3:23,24; Rom. 2:23-27, etc) , que esa distinción es arbitraria, y que no tiene ningún soporte científico, ni bíblico.

Hoy, prácticamente todo el mundo está de acuerdo que la ley para Pablo es la Torah, en los diferentes sentidos que eran corrientes entre los judíos, es decir el Antiguo Testamento en su conjunto o bien la ley de Moisés en tanto que código de conducta (1 Cor. 9:9; Deut. 25:4).  Eso explica que la frase “está escrito en la ley”, haga referencia a veces a textos proféticos (compárese Is. 28:11,12; 1 Cor. 14:21), o a los Salmos.  Todo el mundo está de acuerdo en que la expresión “ley” en Pablo se limita raramente al Decálogo.

Es posible que Pablo, algunas veces dé sentidos diferentes a la palabra “ley”. Pero los textos controvertidos muestran que a menudo Pablo habla también negativamente de la ley divina.  Así, a pesar de las buenas intenciones de algunos es la ley de Dios lo que se pone en cuestión. Habrá pues que dirigirse en otra dirección para encontrar luz. [9]

B.    Distinción entre ley moral y ley ceremonial

CALVINO elaboró el argumento teológico, conocido desde la patrística, según la cual Cristo abolió la ley moral, pero no la ley ceremonial. Esta distinción se acepta en el conjunto de las confesiones cristianas, aunque es difícil encontrar en el Nuevo Testamento pasajes que hablen explícitamente en este sentido.

No obstante, incluso si esta distinción no es evidente en el Nuevo Testamento, no resuelve totalmente el problema en Pablo, por que no es posible asociar todos los pasajes negativos a la ley ceremonial y todas las declaraciones positivas a la ley moral sin caer en posiciones arbitrarias.  Gálatas y Romanos incluyen, sin ningún género de dudas la ley moral dentro de los llamados pasajes “negativos”.

En cualquier caso, queda todavía por encontrar criterios válidos para discernir entre lo que es “moral” y lo que es “ceremonial”.  Por ejemplo: el sábado, el diezmo y las prescripciones alimentarías ¿forman parte de las leyes “ceremoniales” o de la ley “moral”?

Si es evidente, en los escritos de Pablo, que la salvación no depende de la observancia de la ley, es mucho menos fácil de precisar cual es su función.

Pablo dice que la ley fue dada “a causa de nuestras transgresiones” (Gál. 3:19), y que lo que ha sido comprendido de dos maneras totalmente opuestas: “para provocar por una parte las transgresiones” (interpretación apoyada por Gál. 3:13; 3:23; Rom. 3:20; 4:15; 5:20; 7:5-25; 1 Cor. 15:56), [10] o bien “para evitar las transgresiones”, como el pedagogo guarda y protege al niño. [11]

Los protestantes han distinguido tres usos diferentes de la ley:

1.     Usus civilis (la ley como código civil) . Como todo código, la ley de Dios tiene una función jurídica, la función jurídica de proteger la justicia y denunciar los abusos.

2.     Usus elenchticus (o papel acusador de la ley).  Con el pecado el objetivo original de la ley de proteger y conservar la vida ha sido también afectado.  La ley en lugar de actuar en el sentido de la vida, se pone al servicio de la muerte (Rom. 7: 10) . Condenando al pecador, actúa ahora como juez para anunciar al hombre el deseo de un salvador.

3.     Usus normativus (es decir un papel normativo de la ley) . Las grandes discusiones clásicas entre luteranos y reformados muchas veces son alrededor de ese usus tertius (tercer papel).  El problema se plantea, cada vez más en saber si la ley guarda un valor normativo[12] –no ya en vista de la justificación, sino en vista de la santificación– como parámetro de la voluntad divina.

C.    El papel de las “obras de la ley”

La expresión “obras de la ley” ha sido comprendida siempre como una referencia al legalismo. Una nueva interpretación a sido propuesta por DUNN,[13] para el que – “las obras de la ley” no designan el esfuerzo legalista de los judíos o de los judaizantes para ganar su salvación a través de la observancia de la ley, sino las prácticas de la ley mosáica que separan a los judíos de los gentiles y en particular la circuncisión, las leyes sobre el sábado y las prescripciones alimentarías.  Esas prácticas que distinguían visiblemente a “los elegidos” del resto del mundo (Rom. 2:28), corrían el riesgo de favorecer el orgullo de pertenecer a un determinado grupo religioso (Gál. 6:13) y de crear una barrera para la extensión de la gracia a las naciones.

Cuando Pablo dice que los judíos han tratado de establecer su propia justicia (Rom. 10:3), se estaría refiriendo simplemente a su exclusivismo.  Es decir, sus llamadas de atención contra la ley, no tendrían tanto que ver con la incapacidad humana de cumplir a sus requerimientos, sino con el riesgo de reducirla a exigencias externas olvidando que para Dios lo esencial de la ley se encuentra en la fe y el amor (Gál. 3:10).  Cuando Pablo declara que Cristo nos ha rescatado de la maldición de la ley (Gál. 3:13) , estaría diciendo que Cristo nos ha librado de una visión de la ley que marginalizaba o ponía al margen a los gentiles.  En Cristo, la bendición prometida a Abraham es finalmente accesible a todos.  Cuando Pablo ataca las “obras de la ley” (Rom. 3:20, 28) o simplemente las “obras” (Rom. 3:27; 4:2,6; 9:12, 32) , no se estaría refiriendo a las buenas acciones, deseadas por Dios, sino a aquellas que procederían de un comprensión exclusivista de la elección, de la alianza (Rom. 2:28, 29)     y de la ley, centrada sobre las prácticas exteriores.

III. CRISTO, “EL FIN DE LA LEY”

Una buena parte de la discusión sobre la ley, se debe a la interpretación dada a la palabra “fin” (telos) de Romanos 10:4.

Una ojeada histórica muestra que se ha producido un resbalón considerable en la interpretación de este versículo, resbalón debido a criterios teológicos y no filológicos.  La Iglesia primitiva y los reformadores los han comprendido en el sentido teológico, según el cual Cristo es la culminación, el cumplimiento y/o el fin u objetivo de la ley, en sus aspectos proféticos tanto como en sus intenciones éticas (fin en el sentido final de objetivo o finalidad) No obstante, desde la reforma y sobre todo en el siglo XIX, las controversias entre la ley y el Evangelio han terminado por hacer prevalecer la interpretación de que Cristo habría abolido la fe (“fin” en el sentido temporal).

La cuestión que se platea ahora es la siguiente: ¿es que la ley ya no tiene ningún valor para el cristiano, o bien, continúa conservando un valor normativo?  Las respuestas a esta pregunta se escalonan entre dos extremos.

A.    ¿Ha sido la ley abolida?

1.     Las razones que se aducen para explicar Rom. 10:4 en el sentido de la abolición de la ley son muy diversas. según algunos, como H.J. SCHOEPS,[14] Pablo querría decir apoyándose en creencias rabínicas,[15] que la ley cesa con el Mesías, quien satisface todas sus exigencias y lo cumple todo plenamente.  La ley ya no tiene pues lugar en el reino mesiánico.

2.     Según otros, como Ernst KÄSEMANN,[16] telos significa, en Rom. 10:4, “terminación”.  Cristo pone el término definitivo al régimen de la ley.  Esta no es ni interiorizada, ni cumplida, es simplemente abolida.  La presencia de Cristo resucitado y del Espíritu Santo, toma el lugar de la ley en el creyente.

3.     Para otros en fin, como F. F. BRUCE,[17] Cristo es al mismo tiempo el objetivo o fin y el término de la ley, en sus exigencias éticas.  Lo que significa para él, el rechazo de:

a)     La posición reformada, según la cual el cristiano no está bajo la ley como medio de salvación, sino como regla de conducta.

b)    La posición luterana, según la cual la ley conserva para el creyente su función condenadora.

c)     La diferencia entre la ley ceremonial y moral, ya que en Cristo las dos son abolidas.

B.          La ley esta aún en vigor

A pesar del rechazo unánime de toda función salvífica de la ley, cada vez son más numerosos los especialistas de Pablo que defienden los valores positivos de la ley.[18]

1.      Para muchos comentadores,[19] en Romanos 10:4, telos significa al mismo tiempo objetivo o finalidad y terminación:

a)     Terminación, en el sentido en el que Cristo pone fin a la justificación por las obras de la ley y a la condenación de la ley.

b)    objetivo o finalidad, en el sentido en que Cristo culmina y realiza la finalidad de la ley, puesto que gracias a él se consigue la obediencia a Dios.

Según estos autores, Cristo no pone fin más que a un mal uso de la ley.  El termina con la ley como medio de salvación , pero no como norma moral de conducta, expresión de la voluntad de Dios y criterio del juicio divino.  Por lo tanto, aunque la ley mosaica haya sido superada, su fundamento ético sigue estando en vigor para el creyente. Cristo sólo ha puesto fin a la esclavitud, a la condenación, y a la muerte que la ley (transgredida) conllevaba.[20]

2.     No obstante, para un número de intérpretes, cada vez mayor, Cristo no puede abolir la ley de ninguna manera, puesto que ella expresa la voluntad divina para el hombre.[21] Romanos 10:4 y 3:31 expresan dos aspectos de una misma verdad: los dos pasajes muestran que la ley testimonia de la justificación por la fe (referencia a Gn. 15:6).

El estudio filológico de la utilización de la palabra telos y de la expresión telos nomou en la literatura bíblica y clásica muestran que el sentido general de telos no es temporal sino teológico.  Telos seguido de un genitivo (el final de algo) se utiliza para designar el objetivo o la finalidad y el objeto de una cosa y no su terminación.  La expresión telos nomou (el final de la ley) designa el objetivo de la ley, nunca su abolición o abrogación.  Por lo tanto si la intención de Pablo en Romanos 10:4 fuera decir que Cristo habla abolido la ley él hubiera elegido otra fórmula, ya que la que él ha empleado, tenía ya un sentido fijo en la literatura griega y judeo-helenista.  La exégesis de Romanos 10:4 en su contexto más amplio (Rom. 9-11) e inmediato (Rom. 9:30-10:21) concuerda perfectamente con el sentido teológico de telos.  Pablo, por tanto, habría querido decir que la intención de la ley (en el sentido de la Torah) consistía en justificar en Cristo a cualquiera que cree, o como A. CHOURAQUI traduce: “el objetivo o la finalidad de la Torah, es el Mesías”.[22]

Romanos 10:4 significa que, para todos los que creen en Cristo, se realiza el objetivo último de justicia al que la ley apunta:[23]

a)     Porque sólo él ha observado plenamente la ley moral (Fil. 2:8; Rom. 5:19).

b)    Porque él ha cumplido el objetivo de todas las leyes ceremoniales.

c)     Porque él ha liberado al hombre de la condenación de la ley (Gál. 3:23, 24).

d)    Porque la Torah testimonia de Cristo en sus promesas y en sus profecías (Rom. 2:21.

 

IV. LEY Y LEGALISMO: LOS NUEVOS ACERCAMIENTOS

El tiempo en el que se explicaba la oposición de Pablo a la ley por su rechazo de una teología judía de la salvación por las obras, parece haber sido superado hoy.  Los especialistas más importantes en la materia consideran esta oposición como una deformación inaceptable del judaísmo fruto de la comprensión demasiado simplista del pensamiento de Pablo.  Lloyd GASTON sostiene, por ejemplo, que no hay en Pablo polémica antijudía.[24] En realidad, Pablo no tendría nada contra el judaísmo.  Incluso su concepción de alianza entre Dios e Israel no estaría afectada del hecho de que Jesús es el, mesías.  En tanto que apóstol de los gentiles, llevado por su misión de acercar a los paganos la promesa de la salvación hecha a Abraham, la única crítica que Pablo haría a los judíos es de no haber sido la luz de las naciones.

No obstante, la explicación de GASTON no parece haber aportado la última palabra la controversia sobre la ley. ¿Es acaso posible vaciar de los escritos de Pablo toda la polémica contra el legalismo del judaísmo y de la iglesia a la que él pertenecía?  Parecería difícil responder afirmativamente.  En todo caso, el debate ha sido relanzado a partir de esta base clásica por Stephen WESTHOLM.[25]  Para él, Pablo predicarla en efecto un evangelio sin ley -y nomos, para Pablo, designaría bien la ley divina y no una perversión cualquiera de la comprensión de la ley oponiéndose así a toda forma de legalismo.  La ética cristiana bastaría para cumplir la ley, pero sin depender de sus preceptos, no siendo ya la ley la guía del creyente, sino el Espíritu Santo.

Aunque las afirmaciones radicales de WESTHOLM contra la ley, no sean muy compartidas por los especialistas recientes, su recuperación del legalismo como el blanco preferente de los ataques de Pablo parecería menos discutible.

V.  CONCLUSIÓN

En el debate que continúa, nosotros podemos no obstante retener algunas conclusiones que parecen imponerse de una manera cada vez más clara:

1.     En primer lugar, habría que renunciar a ver una distinción teológico sobre la significación de nomos por el empleo o no del artículo. Nomos parece haber sido utilizado por Pablo en el sentido general de Torah y se refiere casi siempre al Antiguo Testamento, a la ley en tanto que código, o al conjunto legal judío.

2.     La ley de la que se trata en las epístolas es ante todo, la ley de Dios, la distinción entre ley moral y ley ceremonial se impone para todo lo que concierne a los sacrificios y al santuario (ver en particular la epístola a los Hebreos) , pero esta distinción no está explícita en ningún otro sitio.  En todo caso, la noción de ley ya no se reduce al Decálogo.

3.     A pesar del acuerdo general concerniente a rechazo de todo papel salvifico de la ley -Pablo predica la salvación por gracia, a través de Jesucristo, gracia de la que el creyente es dueño por medio de la fe- cada vez se acepta más que la ley moral, era para Pablo, como la expresión de la voluntad divina para el creyente y su ideal de conducta.

4.     En fin, parece que Pablo quisiera combatir con su teología de la ley, los riesgos del legalismo.  El quiere mostrar que ningún esfuerzo de ningún tipo, incluso con el más ciego deseo de hacer la voluntad divina, puede justificar al hombre delante de Dios.

La historia ha probado suficientemente que los temores de Pablo estaban bien fundados.  Si la obediencia es comprendida como garantía de salvación (es la posición de todo nomismo, covenantal o no) , ésta termina inevitablemente por ser percibido en la vida cotidiana, como un medio necesario para obtener la salvación.  La imagen clásica (a partir de Lutero) del legalimo judío del primer siglo es realmente una caricatura teológico, pero no es sin embargo completamente falsa desde el punto de vista de la sociología religiosa.

El debate contemporáneo sobre la ley nos muestra la importancia de una teología correcta,  aunque el legalismo tanto como el antinomismo, no sea solamente el resultado de una teología errónea.

La tendencia casi inevitable al legalismo sigue siendo el riesgo lógico -o sociológico- de todo sistema religioso que concede un valor privilegiado en la economía de la salvación, a cualquier ley o mandamiento, ya que toda observancia distintiva tiende a hacerse dominante en la práctica.

El lugar que el Nuevo Testamento -incluído Pablo- nos plantea dar a la ley en nuestra teología nos obliga a no quedarnos indiferentes en las reflexiones de otros cristianos sobre éste importante tema.  Estas reflexiones contribuyen siempre a embellecer nuestra comprensión bíblica, a estimular nuestras propias investigaciones y por qué no a corregir nuestras perspectivas ayundándonos así a progresar hacia la verdad.

 

 


[1] Para una visión reciente sobre el estado de este tema, cf. Brice L. MARTIN, Chris and the Law in Paul, Leiden: Brill, 1989 (Supplements to Novum Testamentum, vol. LXII); Frank THIELMAN, From Plight to Solution, A Jewish Framework for Undertanding Paul’s View of the Law in Galatians and Romans, Leiden: Brill, 1989 (Supplements to Novum Testamentum, vol LXI); cf. Igualmente Jean-Marie AUBERT et al., Loi et Evangile: héritages confessionnels et interpretations contemporaines, Genève: Labor et Fides, 1981.

[2] El caso típico es Romanos 10:4. Para algunos, este texto significa que Cristo a puesto fin a la ley; para otros, que la ha situado en su punto culminante; y para otros las dos cosas a la vez.

[3] E. P. SANDERS, Paul and Palestinian Juadism, Philadelphia: Fortress, 1977; y  Paul, the Law and Jewish People, Philadelphia: Fortress, 1983.

[4] Heikki RÄISÄNEN, Paul and the Law, Philadelphia: Fortress, 1986.

[5] John W. DRANE, “Tradition, Law and Ethic in Pauline Theology”, in Novum Testamentum, nº 6, 1974, pp. 167-178.

[6] Ulrich WILCKENS, “Statement on the Development of Paul’s View of the Law”, in M.D. HOOKER y S.G. WILSON (eds.), Paul an Paulinism: Essays in Honour of  C. K. Barret, London: SPCK, 1982, pp. 17-26.

[7] Hans HÜNER, Law in Paul’s Thought, Edinburgh: T.T. Clark, 1984.

[8] Peter BLÄSER, Das Gesetz bei Paulus, Munster: Aschendorff, 1941.

[9] Cf. Albert VANHOYE, “Un médiateur des anges. Gál 3:19, 20”, in Biblica, nº 59, 1978, pp.403-411.

[10] Cf. David J. LULL, “The Law was our Pedagogue: A Study in Galatians 3:19-25”, in Journal of Biblical Literature, nº 105, 1986, pp.481-498.

[11] Cf. Richard N. LONGENECKER, “The Pedagogical Nature of teh Law in Galatians 3:19-4:7”, in Journal of the Evangelical Theological Society, nº 25, 1982, pp.53-61.

[12] Sobre este debate, ver C.E.B. CRANFIELD, “St. Paul and the Law”, en Scottish Journal of Theology, nº 17, 1969, pp.43-68.

[13] James DUNN, Jesus, Paul and the Law, London: SPCK, 1990.

[14] Hans Joachim SCHOEPS, Paul: The Theology of the Apostle in the Light of Jewish Religious History, Philadelphia: Westmister, 1961.

[15] Sanhédrin 97a; Abodah Zara 9a.

[16] Cf. Ernst KÄSEMÄNN, Perspectives on Paul, Philadelphia: Fortress, 1971.

[17] Cf. F.F. BRUCE, Paul: Apostle of the Heart Set Free, Grand Rapids: Eerdmans, 1977.

[18] Para una bibliografia de comienzo en francés, ver Gérard SIEGWALT, La loi, chemin de salut, Neuchatel: Delachaux et Niestlé 1971; J. GOLDSTAIN, Les valeurs de la loi: La Torah, lumière sur la route (Théologie historique, nº 56), Paris: Beauchesne, 1980; D. Études théologiques et religieuses, nº 57, 1982, pp.361-378; R. MARTIN-ACHARD, La loi, don de Dieu, Aubonne: Editions du Molin, 1987; etc.

[19] Cf. Hans CONZELMANN, An Outline of the Theology of the New Testament, London: SCM, 1969, pp. 224-226; George Eldon LADD, “Paul and the Law”, in J.M. RICHARDS (éd.) Soli Deo Gloria: New Testament Studies in Honor of W.C. Robinson, Richmond: John Knox, 1968, pp.50-67; Ragnar BRING, “Paul and the Old Testament: A Study of the Ideas of Election, Faith, and Law in Paul, with Special Reference to Rom. 9:30-10:13, in Studia Theologica, nº 25, 1971, pp. 21-60.

[20] Brice L.MARTIN, Christ and the Law in Paul, p. 68.

[21] Cf. C. Thomas RHYNE, “Nomos dikaiosynes and the Meaning of Rom. 10:4”, in Catholic Biblical Quarterly, nº 47, 1985, pp.486-499.

[22] Para un estudios mas detallado sobre esta cuestión, ver Roberto BADENAS, The Maning of Telos in Romans 10:4, Andrews Univewrsity,  Berrien Springs, Mich. (Tèse, 1983) y Christ the End of the Law: Romans 10:4 in Pauline Perspective, Journal for the Study of the New Testament Supplement Series 10 Sheffield: JSOT Press. 1985.

[23] Georde E. HOWARD, “Christ the End of the Law: The Meaning of Romans 10:4ff”, en Journal of Biblical Literature, nº 88, 1969, pp.33, 337; C.E.B. GRANFIELD, “St. Paul and the Law”, en Scottish Journal of Theology, nº 17, 1969, pp.43-68.

[24] Lloyd GASTON, Paul and the Torah, Vancuver: University of the British Columbia Press, 1988.

[25] Stephen WESTHOLM, Israel’s Law and the Chrusch’s Faith, Gran Rapids: Eerdmans, 1989.

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